sábado, 6 de septiembre de 2014

Marcos Silber


Marcos Silber nació en Buenos Aires (Argentina) en 1934. Es miembro honorable de la Sociedad Argentina de Escritores. También es miembro de la Sociedad de los Poetas Vivos. Publicó, entre otros libros: Volcán y trino (1958), Las fronteras de la luz (1962), Libertad (poema escénico, 1964), Sumario del miedo (1965), Ella (1968, faja de honor SADE), Dopoguerra (1974), Historias del Oeste (1984), Cono de sombra y casa de pan (1985), Noticias sobre el incendio en la nave mayor (1998), Suma poética (1999), Doloratas (2001, con Carlos Levy), Primera persona (2004), Boca a boca, Cuaderno del Resucitado (2004), Thrillers (Historias en "16”) (2005), Bajo continuo (2008), Cabeza, tronco y extremidades (2010).

* * *

Teoría y solfeo

Quise tocarla en clave del mayor sol
pero ella -experta en fugas-
saltó las alambradas del pentagrama y voló.
Quise con abordaje de terciopelo
atender la sed y el hambre de su carnalidad
pero ella -atrapada en un claro de luna-
presentó la espalda y voló.
Quise afinar, poner de acuerdo tono   ritmo   color
pero sus cuerdas viajaban otras latitudes
y de sus vientos mejor no hablar.
Recuerdo, sí, y cómo
los truenos degolladores de la noche
que disparaba el timbal que Dios sabe
quien puso en escena;
y la sábana negra también que -siempre dije-
no presagia nada bueno.
Cierto, real y arde el "se mira y no se toca"
de la querida, así, de cara a la nada;
a cincuenta centímetros de mí,
a cien kilómetros, a un siglo de mí.
Nada más resta cruzarme de vereda
y bajo bajito ponerme a silbar.

(inédito)
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Alegorías

Aquí el Manzano donde se provee Guillermo Tell
para el hechizo de su arquería.
El Ciprés, acá, donde madura el verde
hasta la blancura del cirio custodio del difunto.
Aquel, es el Sauce Llorón
con quien duelamos a Susana (distraída ella)
que se dejó olvidada la vida.
Ese otro, Ombú, con soga incluida
para los que se suprimen -contra ellas-
por eso de los abandonos.
Plátano este. Es árbol, trabaja de árbol.
Ignoro qué más.
Ahora, el Palo Borracho;
porta máscara de poeta
-sueñador de día y sueñador de noche.
Cerezo el de allá, con sombra, donde,
entre función y función
descansan Tio Vania, las tres hermanas
y la gaviota también.
Ahora, el naranjo  espía de los cielos
por si se asoma Carlos Fuentes
que lo volvió a fundar.
Por último, la Higuera
a la que regreso y regreso
para capturarle los frutos
del mismo sabor que los besos,
los inmortales -esos de mordida y succión-
que guardo en la cajita de lata
para que me nombren en él muy mucho después.

(inédito)

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